La manipulación de “Monsieur Jourdain”

La manipulación de “Monsieur Jourdain”
Muse, interpretando “The Handler”. Foto de  Salvatore Carta.

(Este artículo fue escrito para ser publicado previamente en Bez.es, diario digital con el que hemos colaborado esporádicamente. No ha llegado a tiempo: hoy, hemos de certificar su cierre. Sirva este comentario de homenaje a una voz necesaria por ser diferente y por intentar huir de lo obvio y de la verdad única)

  

Monsieur Jourdain no sabe ni es capaz de entender por qué él puede ser tan importante por el simple hecho de existir y de vivir. Lo cierto es que casi nadie conoce su nombre, o sí, ¡vete a saber!  Él no se lo ha dado. Tampoco se lo han preguntado. ¿Su Documento Nacional de identidad? Bueno…, puede ser atractivo para los piratas si a partir de ahí se puede hacer alguna pillería… pero, por lo demás, ¿para qué sirve el DNI? En realidad no lo utilizamos en nuestra vida diaria y, por tanto, ¿por qué o para qué puede ser de interés?

Porque lo que de verdad interesa es justamente eso, nuestro día a día: qué hacemos, por dónde nos movemos, con quién nos relacionamos,  qué o quiénes son nuestros referentes sociales,  culturales, deportivos, …y,  por supuesto, cuáles son nuestros gustos, qué consumimos, dónde compramos, a través de qué medios…, es decir, toda nuestra vida.

De pronto, todos los monsieur Jourdain de este mundo, cobran una importancia inusitada…, sin ellos saberlo.

El porqué y, sobre todo, el para qué, son preguntas interesantes… pero que  se escapan al entendimiento de monsieur Jourdain. Sin embargo la primera pregunta no es difícil de responder: tu información es importante porque captarla, almacenarla y manejarla es ahora sencillo… y relativamente barato. Es decir, la respuesta de por qué resultan de interés los detalles de nuestra vida es, simple y llanamente…, porque su control es factible. Sin entrar en disquisiciones sobre quién tenía más razón en la polémica entre Say y Keynes de si fue antes el huevo de la oferta o la gallina de la demanda, hemos de reconocer que lo que hoy está funcionando se puede resumir en la siguiente máxima: “tú acumula (información), que para algo valdrá”. Y no cabe duda de que les está valiendo; si no es en el mercado de consumo,  lo es en el mercado de capitales.

La segunda pregunta, el para qué, puede presentar distintas derivadas, pero ninguna de ellas le quita especialmente el sueño a monsieur Jourdain, tan feliz él de su cómoda existencia y tan contento de haberse conocido. En definitiva, todo se hace por su bien: para su mayor seguridad, para satisfacer mejor sus necesidades…, ¿qué más puede pedir? Todavía habrá alguien que se queje…

Han pasado ya más de 30 años desde 1984 y no nos sentimos amenazados por la presencia de ningún Gran Hermano que controle nuestras vidas. Tal vez en algún país sí, pero no en el mundo sofisticado, aparentemente culto y desde luego satisfecho de sí mismo en el que vive monsieur Jourdain. 

Desde nuestra atalaya, el aparato de control que ya en 1940 describió Orwell  se nos antoja incluso burdo y, tal vez influidos por la estética de la película de Michael Radford, hasta más próximo a la sociedad industrial de Tiempos Modernos (que, en nuestra auto-complacencia, hoy contemplamos con ternura pero al mismo tiempo con distancia) que a esta sociedad post-industrial y supuestamente democrática. Adaptamos y trasladamos a nuestros tiempos con cierta facilidad a Calígula, Electra o Macbeth, pero nos cuesta extraer la esencia de otros clásicos, más modernos pero igualmente eternos y vigentes, que trascienden del individuo y trasladan el protagonismo a la sociedad, a sus órganos de gestión  y, por ende, a su instrumentalización para el control social.

Al margen de estas derivadas socio-políticas, siempre en beneficio de los ciudadanos, se ha desarrollado con profusión el conocimiento de nuestra vida para hacérnosla más fácil, para conocer nuestras necesidades y atenderlas antes incluso de que nosotros mismos nos hayamos dado cuenta de ellas. Si monsieur Jourdain no es consciente de lo que es y de lo que hace en su día a día, ¿cómo va a serlo de lo que está por venir, de lo que va a ser o va a necesitar en el futuro? Si alguien puede aclararle el camino… ¿no debiera sentirse él feliz? Lo dicho, ¡y todavía habrá alguien que se queje!

Además de adelantar nuestras necesidades, hemos de reconocer que esto nos permite ser más eficientes como sociedad, al poder planificar adecuadamente los medios para satisfacerlas y evitar el despilfarro que se produciría si errásemos el tiro, por no hablar de los retrasos que debiéramos asumir por el hecho empezar a buscar soluciones a nuestros problemas una vez que nos hayamos dado cuenta de que los tenemos...

Espera, ¿son imaginaciones mías o estamos en realidad hablando, de nuevo, de control social? Es que, en el fondo, monsieur Jourdain, a fuer de no saber… ¡es tan vulnerable!…, ¡y tan manipulable!

Algún día descubriremos que monsieur Jourdain somos nosotros, todos nosotros…, y tampoco lo sabíamos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *